- Su altura mediana alta, su color de pelo rubio claro natural, corto, los ojos claros, celestes o verdes dependían de la luz, sus rasgos faciales, su cuerpo estilizado, sensual en cualquier posición; con gracia y estilo para mostrarse bien desarrollada, llamaban la atención en cualquier chico. Su personalidad? Fuerte, y débil, podía mostrarse de tal manera que te puede hacer pensar que ni la muerte de un perro esperando a su amo fallecido la hará llorar, y tan débil en momentos que con un solo, no te banco, crees que no va a parar de llorar. Ella creía que la única persona que puede calmar un llanto es la misma que lo provocó. Así era, rara, así se definía ella en realidad. Yo nunca tuve otro adjetivo para calificarla, especial y rara. Era buena, siempre decían de ella, yo también lo decía, es más buena que el pan, pero ella no sabía que todos no son como ella. Tal vez lo sabía pero no quería enfrentarlo por miedo a volverse una persona que ella detestaba, de la cual siempre tuvo el cuidado de no parecerse, una persona rencorosa, fría, calculadora, aprovechadora, resentida, y podría seguir pero el tiempo borró el recuerdo de ella explicándome detalladamente como su tía, ya que los padres habían muertos cuando ella era recién nacida quedando al cuidado de su tía, la llevaba por ese camino. Yo creo que dentro de todo le fue bien, supo mantenerse firme en su forma de ser, mi madre decía que se parecía mucho a su madre, ya que ellos eran amigas de la infancia, pero cometió sus errores. Fumaba, cigarrillos, pero fumaba y a la gente de su alrededor no le gustaba, a mi en particular no me molestaba, hay algo de ella que hacia que no me molestara nada de ella si no que provocara un leve sentimiento de admiración.
- Porque no esta acá? – dijo esa chica, adolescente rubia, muy parecida a la madre, tenía que ser así, su hija tenía que ser la imagen viva de ella.
- No te conté antes porque no sabía cuando ibas a estar lista para poder ponerte en la piel de ella. Se suicido al mes de tenerte. La culpa no es tuya. – suspiró, sintiendo un nudo en la garganta. Aclaró la voz.- A veces creo que pude haber evitado su muerte si hubiera podido interpretar la mirada auxilio que tenía al mirarme. Pero solo escuché su voz. “estoy bien” repetía cada vez que yo la miraba con curiosidad tratando de darme cuanta, pero era convincente su voz y no pude hacer nada. Perdóname- Rompiendo en llanto abrazado a su hija.
-Papá, como empezó todo? – curiosa por saber que la había llevado a tal decisión.
Minutos después el padre tuvo fuerza para incorporarse, se paró. Secó sus lágrimas caminó hacia el otro lado de la habitación tan apresurado que parecía un pequeño trote el que dio. Se detuvo delante de un escritorio con aspecto de viejo pero bien cuidado. Abrió el primer cajón con la llave que llevaba colgada siempre y sacó un cuaderno, desprolijo, algo sucio y con hojas sueltas que sobre salían de su tapa, junto a una carta.
- Toma, Alecia dejo dos cartas antes de suicidarse, una para mi y esta otra para vos. En la mía me explicaba que quería que cuando preguntes por ella te diera su diario y la carta. – Decía mientras volvía al sillón donde estaba su hija sentada atenta a cada movimiento de su padre- queres que te deje sola?
- No, acompañame, te voy a necesitar, lo presiento - dijo acariciando lentamente su corazón llegando al cuello haciendo una mueca de dolor, angustia, sonriendo lastimosamente, con un brillo en sus ojos por el reflejo de la luz en sus lágrimas que todavía no escapaban para correr por sus mejillas con algo de rubor natural, provocado por el calor de la chimenea.
Abrió el sobre, sin dificultad ya que el pegamento estaba seco por los años que llevaba guardado, sacó la carta, miró a su padre, aclaro la voz y a pesar del temblor de sus manos leyó:
- Porque no esta acá? – dijo esa chica, adolescente rubia, muy parecida a la madre, tenía que ser así, su hija tenía que ser la imagen viva de ella.
- No te conté antes porque no sabía cuando ibas a estar lista para poder ponerte en la piel de ella. Se suicido al mes de tenerte. La culpa no es tuya. – suspiró, sintiendo un nudo en la garganta. Aclaró la voz.- A veces creo que pude haber evitado su muerte si hubiera podido interpretar la mirada auxilio que tenía al mirarme. Pero solo escuché su voz. “estoy bien” repetía cada vez que yo la miraba con curiosidad tratando de darme cuanta, pero era convincente su voz y no pude hacer nada. Perdóname- Rompiendo en llanto abrazado a su hija.
-Papá, como empezó todo? – curiosa por saber que la había llevado a tal decisión.
Minutos después el padre tuvo fuerza para incorporarse, se paró. Secó sus lágrimas caminó hacia el otro lado de la habitación tan apresurado que parecía un pequeño trote el que dio. Se detuvo delante de un escritorio con aspecto de viejo pero bien cuidado. Abrió el primer cajón con la llave que llevaba colgada siempre y sacó un cuaderno, desprolijo, algo sucio y con hojas sueltas que sobre salían de su tapa, junto a una carta.
- Toma, Alecia dejo dos cartas antes de suicidarse, una para mi y esta otra para vos. En la mía me explicaba que quería que cuando preguntes por ella te diera su diario y la carta. – Decía mientras volvía al sillón donde estaba su hija sentada atenta a cada movimiento de su padre- queres que te deje sola?
- No, acompañame, te voy a necesitar, lo presiento - dijo acariciando lentamente su corazón llegando al cuello haciendo una mueca de dolor, angustia, sonriendo lastimosamente, con un brillo en sus ojos por el reflejo de la luz en sus lágrimas que todavía no escapaban para correr por sus mejillas con algo de rubor natural, provocado por el calor de la chimenea.
Abrió el sobre, sin dificultad ya que el pegamento estaba seco por los años que llevaba guardado, sacó la carta, miró a su padre, aclaro la voz y a pesar del temblor de sus manos leyó:
Hija, primero, perdóname por no estar en los momentos de tristeza causados por un desamor, una simple pelea con tu hermana del alma, por no estar en los momentos de alegría, cuando diste tu primer beso, tu primer enamoramiento. Perdón por no ver esa sonrisa al volver de la casa de tus amigos. Perdón por no vivir con vos la vida.
En el diario, vas a conocer la razón por la cual ya no puedo seguir, por la cual estoy bajando los brazos.
Cuando naciste, sentí que esos momentos de oscuridad en el alma no iban a volver pero al poco tiempo volvieron y no soy tan fuerte como antes.
Te amo, y te cuidaré desde lo lejos donde están las estrellas.
Tu mamá.
Ambos rostros estaban empapados de lágrimas, Edward al escuchar las palabras de su esposa difunta en la voz de su hija, sus ojos color miel no dejaban de derramar lágrimas sobre el hombro de su hija recostada sobre su hombro. Blair solo respiraba pausadamente una vez que termino de leerla para calmarse, quería empezar a leer el diario, pero sus lágrimas lo impedirían.
Tomó el diario, sopló sobre la tapa, el polvo allí se esparció por el aire, tosieron un poco ahogados por tal. Pasó el dedo para poder percibir el dibujo marcado que tenía de una mujer con una lágrima en su mejilla. Lo abrió lentamente, solo para cuidarlo mejor y que no se desprenda ninguna hoja y comenzó a leer:
Siguiendo tal vez el sabio consejo de la abuela comenzaré a escribir sobre lo que vivo, así según ella, las dudas y penas se despejaran.
En la casa de algún amigo de mis amigos hay ambiente de fiesta, alcohol por donde quieras, así como borrachos que no pueden mantenerse en pie. Grupos de personas por todos lados, algunas personas vagando de grupo en grupo, otras siempre moviéndose en grupo, otros solitarios, y también están los que están bien con cualquiera. Yo creo que pertenezco al grupo de los vagos que van de grupo en grupo.
Algo me estaba superando, me estaba sintiendo triste en una fiesta, no me encontraba con nadie al lado que lo notara, en ese momento nadie en esa fiesta hubiera podido notar que estaba a punto de quebrar una angustia en mí.
Prendí un cigarrillo sentada en un lugar apartado de la fiesta, tengo amigos que no les gusta para nada la idea y no quería que me vieran ya a veces llego a creer que me dejarían de hablar por esto de fumar cuando me siento triste. En la segunda bocanada de humo veo acercarse a Serena derecho hacia donde estoy yo, estaba demasiado cerca como para poder esconder el cigarrillo, así y todo, lo apagué rápido y lo tire mi costado. Cuando llego a estar enfrente de mi pude ver con claridad que su paso tan afirmado era porque estaba enojada.
- que haces fumando otra vez? - dijo fuerte y claro. Su brutalidad al agarrarme del brazo y levantándome de donde estaba sentada, para después arrinconarme contra la pared aun tomando con fuerza mi brazo.
- Me estas lastimando, para. No quise que me vieras- dije forcejeando un poco para soltarme de ella.
- Estarías fumando igual- me soltó bruscamente otra vez haciendo que me golpee la cabeza con la pared.- Por que lo haces? vos sos idiota!? – Cada vez subía el volumen de su voz- cuantas veces te dije que te arruinas la vida así, no me escuchas, no te importa que me duele verte así, me decepcionas! Rompiste la promesa, tan poco te importo.
- Sus palabras fueron como dedo en la yaga, y mis lágrimas estaban brotando con rapidez- nunca te dije porque lo hacia no? – Yo también estaba gritando poco a poco- estoy mal, tengo una angustia escondida en la garganta que no me deja vivir desde hace meses y lo sabes.
- No, no lo sé, nunca me dijiste que es esa “angustia”- gesticulando burlonamente las comillas en la última palabra dicha.
No pude decir nada, el nudo se había hecho más fuerte que nunca.
- Ves!? Donde esta esa angustia, solo te estas arruinando la vida. Yo quiero estar de viejita al lado yo mirando como corren nuestro nietos en el parque, quiero ser la madrina de tu boda, quiero que seas la madrina de mi boda, quiero que estés en cada momento de mi vida hasta mi muerte o la tuya, pero créeme que si seguís fumando tu muerte va a estar cada vez mas cercana y no vamos a vivir esos momentos. – suspiró, seco un poco su cara, ya que cuando empezó a hablar lloraba y gritaba tan lastimosamente, que era imposible no llorar. Dio unas vueltas sobre si misma y volvió a gritarme mas desesperada- decime algo!? En serio no te importo? No querés todo eso? Ya no se que hacer? Que te pasa?
- Queres saber que me pasa? Estoy embarazada! Y no se que hacer, me esta matando saber que no voy a poder vivir con la decisión que va querer tomar mi tía. La conoces, va a querer terminar con el embarazo. Yo no lo puedo permitir, pero tampoco se que hacer, como voy a hacer!?
El silencio duró pocos se
El silencio duro pocos segundos que fueron interminables, mas que nada para mi corazón, por estar escuchando grito, forcejear, llorar y gritarse agito y a pesar del tiempo que se sentía que pasaba lentamente no fue suficiente para que se calmase. Ninguna se animaba a hablar, yo te lo puedo asegurar, tenía ese “nudo” en la garganta que apenas me dejaba respirar; note ese mismo nudo en ella por su repetido movimiento casi nervioso por miedo a ahogarse en su cuello. Las miradas decían todo y a la vez nada, ese todo dolía más que nada.
Tal vez esa lágrima que cayó en el momento justo dejándome vulnerable, o el recuerdo de esa sonrisa que en algún momento de mi vida ella pudo dibujar en mi rostro fue los que no dio esa valentía que nos faltaba en los últimos días para enfrentar el dolor que sabíamos que estaba ahí pero no se veía.
Nos mirábamos a través de esas lágrimas que querían rodar sin ningún impedimento; así con una sonrisa llorosa fueron los pasos que recorrimos par hacernos sentir con un fuerte abrazo, y hubo todo tipo de esfuerzo para no llorar en vano.
Después de esa situación todo cambió. Ella era de una familia adinerada, con un gran corazón cada uno de ellos. Sus padres me hacían sentir como una hija, me quieran como tal y yo a ellos, más de una vez necesite a su mama para escucharla como si fuese mía. Su padre me celaba como siempre quise. Tenían un hermano, lo se porque muchas veces me quede a dormir en su casa. Una noche sin conocer bien la casa quise ir al baño, confundí las puertas y entre a ese cuarto. Me quede mirándolo, algo de ahí me atrapaba, estaba admirando todo, en efecto de haber olido tan delicioso perfume, me acosté en su cama para sentirlo mas, y la sensación de paz, tranquilidad me invadió por completo, dejándome el miedo de no poder volver a sentirme así, y paso el tiempo y me fui quedando dormida en aquella cama desconocida.
Volviendo al tema anterior, como decía mi tía “siempre yéndose por las ramas usted” y le doy razón, una de las pocas cosas.
A los pocos días de haber dado la noticia a mi amiga, quiso que nos fuéramos a mudar a otra ciudad, medianamente cercana, algo pude escuchar del desconocido hermano, pero no quise preguntar. Nos mudamos juntas, sin dudar. Mi tía quería abortar y yo no podía, entonces me echo de mi casa, técnicamente era mía, el testamento d mi madre lo indicaba así, así lo leí. Quise alejarme de ella, y además el medico de la familia de ellos vivía en esa ciudad, tuve miedo desde el día que le conté a mi segunda mama, que me dijo que dejara enseguida de fumar, que tampoco se me ocurra tomar alcohol, el no saber eso, esa ignorancia que me rodeaba obligatoriamente no me dejaba vivir sin miedo a que acabe con la vida de ese bebe. Realmente ese miedo resultaban noches y noches sin sueño.
Ubicadas en la nueva casa hace meses todo iba bien, hasta poco después, se adelanto el día y algo me decía que no iba a salir nada bien. Estaba tomando aire en la galería de la entrada, miraba con atención como cambio el día de un minuto al otro. Tal vez el nerviosismo provocado por el resiente miedo a las tormentas adelantó el parto, inmediatamente después de romper bolsa llame a Serena. A pesar de la rapidez con la que fuimos, pareció no haber tiempo suficiente para salvarle la vida a mi bebe. Fue mi culpa haber fumado y tomado, provoco una mal formación en su corazón. Todos los días durante el embarazo me reproche y nunca podré perdonarme esa ignorancia que condeno su vida. Días de depresión, de no poder levantar mi cuerpo más que los brazos para regular el ventilador o taparme. Duro meses este estado de ceguera, pues solo lograba ver un bebé fallecido en su incubadora.
Tal vez esa lágrima que cayó en el momento justo dejándome vulnerable, o el recuerdo de esa sonrisa que en algún momento de mi vida ella pudo dibujar en mi rostro fue los que no dio esa valentía que nos faltaba en los últimos días para enfrentar el dolor que sabíamos que estaba ahí pero no se veía.
Nos mirábamos a través de esas lágrimas que querían rodar sin ningún impedimento; así con una sonrisa llorosa fueron los pasos que recorrimos par hacernos sentir con un fuerte abrazo, y hubo todo tipo de esfuerzo para no llorar en vano.
Después de esa situación todo cambió. Ella era de una familia adinerada, con un gran corazón cada uno de ellos. Sus padres me hacían sentir como una hija, me quieran como tal y yo a ellos, más de una vez necesite a su mama para escucharla como si fuese mía. Su padre me celaba como siempre quise. Tenían un hermano, lo se porque muchas veces me quede a dormir en su casa. Una noche sin conocer bien la casa quise ir al baño, confundí las puertas y entre a ese cuarto. Me quede mirándolo, algo de ahí me atrapaba, estaba admirando todo, en efecto de haber olido tan delicioso perfume, me acosté en su cama para sentirlo mas, y la sensación de paz, tranquilidad me invadió por completo, dejándome el miedo de no poder volver a sentirme así, y paso el tiempo y me fui quedando dormida en aquella cama desconocida.
Volviendo al tema anterior, como decía mi tía “siempre yéndose por las ramas usted” y le doy razón, una de las pocas cosas.
A los pocos días de haber dado la noticia a mi amiga, quiso que nos fuéramos a mudar a otra ciudad, medianamente cercana, algo pude escuchar del desconocido hermano, pero no quise preguntar. Nos mudamos juntas, sin dudar. Mi tía quería abortar y yo no podía, entonces me echo de mi casa, técnicamente era mía, el testamento d mi madre lo indicaba así, así lo leí. Quise alejarme de ella, y además el medico de la familia de ellos vivía en esa ciudad, tuve miedo desde el día que le conté a mi segunda mama, que me dijo que dejara enseguida de fumar, que tampoco se me ocurra tomar alcohol, el no saber eso, esa ignorancia que me rodeaba obligatoriamente no me dejaba vivir sin miedo a que acabe con la vida de ese bebe. Realmente ese miedo resultaban noches y noches sin sueño.
Ubicadas en la nueva casa hace meses todo iba bien, hasta poco después, se adelanto el día y algo me decía que no iba a salir nada bien. Estaba tomando aire en la galería de la entrada, miraba con atención como cambio el día de un minuto al otro. Tal vez el nerviosismo provocado por el resiente miedo a las tormentas adelantó el parto, inmediatamente después de romper bolsa llame a Serena. A pesar de la rapidez con la que fuimos, pareció no haber tiempo suficiente para salvarle la vida a mi bebe. Fue mi culpa haber fumado y tomado, provoco una mal formación en su corazón. Todos los días durante el embarazo me reproche y nunca podré perdonarme esa ignorancia que condeno su vida. Días de depresión, de no poder levantar mi cuerpo más que los brazos para regular el ventilador o taparme. Duro meses este estado de ceguera, pues solo lograba ver un bebé fallecido en su incubadora.
Un día me desperté mirando la foto con Serena que tenía en la mesa de luz. Una sensación de haber soñado con sentimientos que hacen cosquillas en el alma mantenía mis ojos bien abiertos como si se tratara de otra noche de insomnio. Después de unos minutos me di cuenta que esa compañía que tuve todo este tiempo me había dejado una carta detrás del porta retrato.
La carta decía que fue a buscar a su hermano, me obligo a cambiarme e ir a tomar aire. Así fue, me cambie pensando en sus palabras de apoyo, de animo, consolación, todo lo tenía esa carta, ya debía estar cansada de verme en ese estado deplorable. Recorrí a casa para revisar que este todo en orden. Tomé plata, agarre las llaves, cartera y me encamine a la puerta principal. A los pocos pasos de la entrada vi llegar a Serena. Su sonrisa se que brilló mas cuando me vio parada allí dispuesta a cambiar mi vida en un solo paso. Corrió hacia mi, me abrazo, definitivamente estaba desbordando alegría por el mundo. Yo continué con mi plan de recorrer el parque a pocas cuadras de nuestra casa, mientras la veía entrar con un paso alegre.
A pesar de la alegría, o la sensación de felicidad que me daban los días soleados acompañados de los cantos de los pájaros ese camino no me dejaba otra cosa que pensar en el pasado. Me senté en el pasto, abrazando mis piernas, no quería que vuelvan esos momentos de tristeza y lágrimas, donde mi vista se volvía borrosa y sumado mi testarudez era casi imposible que no me torturara con la vida que perdí.
Escuché mi celular sonar, revise la cartera, atendí; Serena pidiéndome un favor, imposible decirle que no; corté y en el mismo instante encontré el atados de cigarrillos de aquella vez.
Que tonta fui, creí que volver a prender un cigarrillo me iba a hacer bien. Creí que podía acordarme de los buenos momentos, Pero no recordé mas que una y otra vez esa noche donde le contaba que... donde le contaba eso a Serena. Había una falta de superación, todavía la hay, pero fue mas duro en ese entonces.
Fumaba mi tercer cigarrillo en l día, con las mejillas coloradas por las lágrimas que irritaban mi suave piel, siempre tan sensible. Así, sentada con las piernas flexionadas donde dejaba caer el resto de mi cuerpo dejando colgado mi brazo hacia adelante y en la mano el cigarrillo consumiéndose solo por el viento. A pesar de la quietud de mi cuerpo y sobretodo de la mirada clavada y perdida sobre la braza y la ceniza a punto de caer como todos mis pensamientos amenazaban caer de la misma forma, pude divisar una silueta inquieta que aparecía y se escondía detrás de un árbol. Esa silueta era un hombre, apuesto, elegante con un sobretodo color claro, caminaba hacia mi con cierta duda, sus manos estaban en los bolsillos del pantalón de vestir, cuando note eso pude ver que su cinturón llevaba una conocida inicial grabada “S”, la forma me recordaba a Serena cuando escribía su nombre. Estaba de traje. Podría decir que su postura, y elegancia hizo que me olvidara de todo. Su cara no llegaba a distinguirla del todo, cuando me di cuenta que caminaba hacia mi con mas seguridad, inevitablemente desvié mirada. Observé como una hoja seca trataba de remontar vuelo por el viento hasta que in zapato negro, a propósito italianos, la pateo más cerca de mi y un pañuelo se extendía frente a mi ojos. Levante la mirada y pude ver los ojos color entre celeste y verdes mas hermosos que e mi vida pude ver, aunque me resultaban familiares. Sus rasgos faciales eran tan marcados y tan suaves a la vez. Ese hombre estaba obteniendo toda mi atención, y mi imaginación comenzaba a volar nuevamente frente a esos labios medianamente finos que enmarcaban una sonrisa de compasión.
Fumaba mi tercer cigarrillo en l día, con las mejillas coloradas por las lágrimas que irritaban mi suave piel, siempre tan sensible. Así, sentada con las piernas flexionadas donde dejaba caer el resto de mi cuerpo dejando colgado mi brazo hacia adelante y en la mano el cigarrillo consumiéndose solo por el viento. A pesar de la quietud de mi cuerpo y sobretodo de la mirada clavada y perdida sobre la braza y la ceniza a punto de caer como todos mis pensamientos amenazaban caer de la misma forma, pude divisar una silueta inquieta que aparecía y se escondía detrás de un árbol. Esa silueta era un hombre, apuesto, elegante con un sobretodo color claro, caminaba hacia mi con cierta duda, sus manos estaban en los bolsillos del pantalón de vestir, cuando note eso pude ver que su cinturón llevaba una conocida inicial grabada “S”, la forma me recordaba a Serena cuando escribía su nombre. Estaba de traje. Podría decir que su postura, y elegancia hizo que me olvidara de todo. Su cara no llegaba a distinguirla del todo, cuando me di cuenta que caminaba hacia mi con mas seguridad, inevitablemente desvié mirada. Observé como una hoja seca trataba de remontar vuelo por el viento hasta que in zapato negro, a propósito italianos, la pateo más cerca de mi y un pañuelo se extendía frente a mi ojos. Levante la mirada y pude ver los ojos color entre celeste y verdes mas hermosos que e mi vida pude ver, aunque me resultaban familiares. Sus rasgos faciales eran tan marcados y tan suaves a la vez. Ese hombre estaba obteniendo toda mi atención, y mi imaginación comenzaba a volar nuevamente frente a esos labios medianamente finos que enmarcaban una sonrisa de compasión.
-Agarralo- su voz retumbo hasta en el mas pequeño de mis huesos- secate esas lágrimas- sonrió ampliamente, como gesto cordial.
Dudé un poco pero finalmente tomé el pañuelo, sequé mis lágrimas e hice un mínimo gesto para devolvérselo, sentía es desgano mas grande.
-No, esta bien, te lo regalo. No estés mal, trata de sonreírle a la vida, es de valientes sonreír cuando el corazón llora- dijo mientras se agachaba para estar a mi altura- permiso- puso sus manos sobre mis rodillas para encontrar el equilibrio- Me queres contar?- sonriéndome con la mirada, su boca estaba seria.
Quise hablar pero no se si fue lo asombrada que estaba por poder mirar esos ojos, ese color tan único y tan de cerca, o simplemente el hecho de tener que contar semejante historia e inevitablemente recordar sentimientos, emociones y dolor, no se que razón alguna causaba ese mutismo momentáneo.
Fue algo más que in impulso, nunca sentí una caricia más suave que la que le di a aquel hombre, mi mano suave por los cuidados con cremas por causa de una costumbre y no poder soportar las manos ásperas estaba acariciando esa mejilla cubierta por un principio de barba. Sin embargo, de la principal característica de la barba que comienza a crecer, la suavidad captó más que mi sentido del tacto. En ese mismo instante lo único que olía era su perfume a tranquilidad y perfección, lo único que veía eran sus ojos que pestañaban y demostraban un pequeño impulso de permanecer cerrados para sentir mi mano. Lo único que notaba era que había un gusto de él por ese delicado gesto que salió desde mi alma, como le hubiera echo a mi pequeño hijo cuando estuviese triste.
-No puedo- intenté sonreír con dulzura pero además salio lastimosa y como si la situación de quien tiene que consolar al otro fuera al revés.
-No te preocupes, se que no es porque soy una desconocido, aunque no lo parece- no pude evitar mirarlo con confusión, al notarlo tomo mi mano que aun seguía acariciando su mejilla tan aniñada y tan madura; se sentó con las piernas flexionadas y cruzadas apoyando sus codos sobre sus rodillas poniendo nuestras manos debajo de su pera- alguna vez creíste en... – vi su cara como si buscara una palabra exacta.
Yo de alguna manera sabía lo que quería decir, lo sentía muy vagamente pero perceptible- la magia de las miradas – pregunté como s a pesar de lo que sentía no era suficiente para decirlo finalizando su frase y responder que si a la vez.
El me miro sorprendido – nunca supe como explicar lo que yo buscaba en una mujer. Es exactamente eso lo que te quería preguntar. Crees? – Pude notar algo de nervios por miedo a quedar en ridículo por una frase tal vez muy trillada como diría Serena “cliché”
Sonreí inevitablemente y ampliamente ante un rostro que se había transformado en un adolescente enamorado e inocente. – Si - Volvió a mirarme sorprendido – Si, te soy sincera, creía tanto en eso que lo creía irreal pero gracias a ... – Callé repentinamente. Era yo ahora la que tenía miedo de decir tal vez algo cursi.
No tengas miedo de decir algo. Si es “cursi”- gesticulando las comillas con las manos – desde ya te digo que nadie me supera.
Convencida de su respuesta – gracias a tu mirada puede creer ciegamente en eso y en e amor.
Curioso por demás – no creías en el amor?
Si lo hacía, tuve mis problemas pero era igual que con las miradas, creía tanto que me termino resultando algo irreal - medio sonreí y levante mis hombres y luego de segundos los deje caer, gesto talvez de inocencia.
Hubo un momento de silencio, por suerte no era incomodo, era especial. Estábamos recreando la magia de las miradas, nos mirábamos como si nos pudiéramos conocer desde nuestras preferencias hasta nuestros miedos.
Si me dejas- dijo de golpe sobre exaltando a mi corazón y haciendo una pausa para nuevamente buscar las palabras correctas. –
Si? – lo incité a seguir, yo soy una persona impaciente y no pude controlarlo tampoco esta vez.
Si me dejas te quiero enseñar muchas cosas mas en las que podes creer tanto como lo dicen tus ojos al hablar del amor. – dijo a una velocidad medianamente alta pero no lo suficientemente ara no entenderlo.
Simplemente respondí parándome de golpe y poniéndome en una postura firme extendiendo mi mano libre para ayudarle a pararse ante una cara de asombro y alegría. Con su sonrisa supe que el entendía que lo deje mostrarme una vida de ensueños.
Tomó mi mano, se paró y no soltó mi mano una vez parado delante de mi, fue ahí cuando noté su altura, nada que unos tacos no pudieran ayudarme a alcanzar sus labios, pensé perdida en su amplia sonrisa. Soltó mi mano para llevar las suyas a cada lado de mi cara y darme un beso en la frente prolongándolo por unos segundos eternos.
Una actitud que a cualquier chica la hubiera dejado helada, sin embargo a mi, tal vez por que no me considero una chica cualquiera, no produjo mas que un impulso de tomar sus manos y besarlas.
Caminamos unas cuadras en silencio y en dirección a mi casa. - Que significa para vos el beso en la frente? – pregunté para poder confirmar mi suposición de que el pensaba lo mismo que yo y a pesar de eso no pude evitar la sorpresa al oír su respuesta sonando tan convencido.
Proteger, protección. Una muestra de preocupación por el bien estar de la otra persona y demostras con beso en la frente que estas ahí para protegerla – Sonrió, mirando el camino que había mucho mas adelante. – Y para vos el beso en las manos? – desviando la mirada del camino para mirarme unos segundos y volver a sacara para ver con cierta curiosidad las casas que había en ese barrio.
- Adoración, puede significar el “te adoro” como persona- tratando de sonar igual de convencida que él y sorprendiéndome de la respuesta improvisada que había dado.
- Yo también pienso eso – sonriendo y deteniéndose en la entrada de alguna casa, no podía en ese momento pensar o mirar otra cosa que sus ojos.
Y yo del beso en la frente – sonriendo, indudablemente sentí ese brillo en mis ojos porque pude sentirlo en otra parte del cuerpo que desde que lo conocí a él latía sin prisa.
-ésta- señalando a mis espaldas una casa- es mi casa.
Me di vuelta con demasiada curiosidad y me volví a él con una cara de asombro que podía llegar a notarse a kilómetros. Es la mía también.
Cruzamos miradas nuevamente por unos segundos para volverla a poner en esa rubia que salía por la puerta saltando y riendo.
Ay ya se conocieron lamentándose un poco al notar la cercanía de nuestros cuerpos.-
Serena- Dijo él en un tono ronco, y enojado pero sonriendo al final aun con el ceño fruncido.
Edward- Dijo ella de la misma forma con los puños cerrados a cada lado de su cadera parada al comienzo de las escaleras.
¿Chicos? - dije yo con tanta confusión concentrada en mi cara con una ceja mas elevada que la otra que causo gracia en esas dos personas que ahora estaban unidas en una abrazo luego de un salto casi sobre natural de Serena. Una vez que se separaron
Alecia él es mi hermano- colgándose del cuello de él- Edward. De él era la cama en la que te quedaste dormida esa vez, hace años.
Vos sos la amiga de mi hermanita que me dejo ese perfume que me cautivo durante meses? – dijo con, por fin, sorpresa al encontrar una coincidencia mas.
Sentí que me sonroje tanto que creí que mi cara se encontraba a solo metros del sol – creía que nadie se había dado cuenta
-Fui yo quien te llevó devuelta a tu cama – sonriendo con picardía, ya que sabía o dedujo el porque de mi vergüenza. Terminando de golpe nuestro cruz de miradas cómplices soltando a su hermano, e irse corriendo para adentro.
Nosotros nos miramos, supimos en ese instante que lo hablado antes iba a cumplirse y superar las expectativas por una cercanía obligatoria que teníamos. Riendo y negando con resignación a la locura de la rubia al gritar como loca de felicidad que entráramos de una vez por todas.
Así conocí al que iba a ser el padre de mi hija después de 6 años de ese día. Hubo primera cita, hubo peleas, hubo celos, pero importo siempre el amor.
Hija, el diario lo empecé a escribir cuando era chica, muy chica y estaba embarazada y lo deje al poco tiempo. Después de 6 años y meses de aun seguir sintiendo mi error decidí terminarlo para que conocieras mi historia.
Edward me dio la felicidad que yo era en ese entonces. Pero el dolor de los recuerdos de un hijo perdido pudo más que eso.
Ni vos, ni él tienen la culpa de esta decisión que tomé hace semanas. Subestime la fuerza que podía llegar a tener, nunca voy a poder aceptar lo que hice y menos poder perdonarme, y es eso con lo que no puedo continuar.
Recuerda siempre que la mirada, la sonrisa y el latir de su corazón cuando apoyas tu cabeza sobre su pecho sean verdaderas, sabrás que tener que amar como nunca a aquel hombre.
Es simplemente excelente! Atrapante! Quien mas lo leyó? te felicito pollita!
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